Los días para Natalie Ponce (35) comienzan temprano. A eso de las 8 de la mañana ya está en su lugar de trabajo, que no es una oficina ni tampoco una sala de clases. La educadora de párvulos comienza su jornada en el Hospital Doctor Juan Noé, específicamente, en Pediatría.

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Desde hace un año, la Junta Nacional de Jardines Infantiles (Junji), a través del Programa 'Aprendiendo juntos', brinda atención y educación a niños que permanecen hospitalizados. Es así como Natalie comparte con pequeños de los 0 a los 14 años, visitándolos en sus piezas, asistiendo a sus domicilios o bien, en la ludoteca o sala de juegos que se implementó en el recinto hospitalario.

Colores y juegos

Pequeñas sillas y mesas de colores forman parte del mobiliario de la sala de juegos. También hay rompecabezas, cuentos, juguetes, lápices y globos. Es un lugar pensado en los niños.

"La idea es que ellos vengan acá y se olviden por un rato que están hospitalizados. Ahora bien, si es que no pueden salir de sus piezas, les dejamos libros, lápices o lo que quieran para que puedan entretenerse", cuenta Natalie.

La ronda por los pasillos de Pediatría parte a las 9 de la mañana, una vez que el personal médico realiza el cambio de turno. Ahí, Natalie visita a los niños y los invita a ser parte de la sala de juegos.

"Obviamente, los que son más grandes se divierten con otras cosas, así que también tenemos entretención para ellos", explica, señalando una caja plástica que contiene juegos de mesa como el 'Monopoly'.

La educadora destaca que el programa de la Junji incluye también el apoyo de la familia en el proceso.

"Queremos que los padres se involucren en la estimulación de sus hijos. El solo hecho de que vengan a la ludoteca y exploren lo que acá tenemos, les entrega aprendizaje", asegura.

Un año de experiencias

El lugar es sencillo y acogedor, por eso no resulta extraño que además de ser un sitio pensado para el dibujo, la lectura y la creación, sea utilizado como un lugar 'especial'.

"Acá los padres llegan buscando contención y apoyo emocional. En esta salita se viven momentos muy alegres, pero también tristes, donde conocemos casos complicados. A todos los tratamos de ayudar", explica Natalie.

Durante el primer año que el programa funciona en el hospital, la profesional ha atendido a 361 niños, a quienes les realiza un seguimiento educativo tras ser dados de alta.

"Este trabajo es muy significativo para mí puesto que puedo entregar educación y acompañamiento a niños que por estar enfermos deben permanecer lejos de su hogar, amistades y compañeros de estudios", confiesa.

Y es que después de haber trabajado en escuelas de lenguaje, cuando le pidieron hacerse cargo de la ludoteca en Pediatría, Natalie no lo pensó dos veces.

Confiesa, eso sí, que este desafío la ha puesto más aprehensiva con sus dos hijos.

"Uno ve casos de niñitos que de un rato a otro tuvieron un accidente, se cayeron o se quemaron. Eso me hace estar más alerta con los míos. Y llegar a casa a disfrutar de sus abrazos después de cada jornada, es simplemente, el mejor regalo".

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